lunes, 5 de noviembre de 2018

Tabla del Ocho *3


         
  Os dejo aquí tres cuentos encadenados cuya característica consiste en que son hiperrelatos de un máximo de 120 palabras, pero que tengan algún sentido. Seguro amigos que si los leéis lo encontrareis...
   Grácias 
 


                       

La tabla del ocho (por Tres)


La niña es muy juguetona, lista, aunque algo remolona a la hora de esforzarse. La maestra ya hace días que convocaba a su mama para una tutoría. Reunión que retrasaba, la madre, con la excusa de sus muchos quehaceres. Sabía lo que iba a oír; como si no conociera a su hijita.
Ayer le volvió a recordar, que tiene que dedicarle más tiempo y paciencia, para conseguir que se aprenda la tabla del ocho. Ya leía casi bien, aunque escribía aún con dificultad.
Puso su cara más severa, cuando la niña con evasivas eludió esforzarse, de nuevo, para recitar esa maldita tabla. Con mucho pesar, la castigo a su habitación y le prohibió salir, hasta que la supiera.
Al cabo de unos diez minutos, la pequeña llamó la atención de la madre con unos golpecitos en la puerta, al tiempo que le pasaba un papelito por debajo. En esa hojita, con buena escritura, estaba, la tabla completa, limpia y sin ningún error.
Alborozada abrió la puerta, abrazó a la niña con cariño, con fervor. Su niña querida no, solo era lista, se había vuelto activa, voluntariosa.
En su tierno abrazo, pudo divisar por encima del hombro de la pequeña, la coloreada pantalla del Google con la tabla completa del ocho.

***

Los niños jugaban a atrapar la luz,
correteando en tropel tras ella. Aquel ratoncito iluminado, se movía compulsivamente, zigzagueando para pararse bruscamente o arrancar con ímpetu.
Reían los niños de manera estridente, tratando de detener, retener, poseer, lo inconsistente, lo insustancial. El brillo, inquieto, mágico, evasivo, inexplicable, flotaba, corría, bailaba, siempre en contacto con cuerpo, fachada, mano, acera, zapato…Extraña e inseparable unión, de lo fútil y lo firme.
Desde el interior, su madre la reclama con insistencia para repasar la pesada tabla del ocho. Remolona, y con desgana, la niña abandona el balcón y deposita cuidadosamente el espejito en el bolso de su mama.
***
Hada chica
No consigo recordar como es un hada con nitidez, vagos recuerdos infantiles, de ingenuas fantasías que ahora rebusco en los rincones de la memoria, tratando de hacerlos presentes para alegrar el peso de los años. Ayudarían tanto esas hadas con las ilusiones frescas, coloreadas, mágicas, tintineantes. Alejarían a esos brujos de entelequias escabrosas, agoreros de siniestros augurio.                                       
Ella con la sonrisa blanca y jugosa, con sus despiertos ojos brillantes, su estela de color. Con la varita de su mano, mil centellas llenas de fulgor. Fantástica y etérea, la ninfa me hechiza, y como por encantamiento la acojo en mi regazo y repasamos la tabla del ocho.

Quino (Lleida 06.05.2015)