Os dejo aquí tres cuentos encadenados cuya característica consiste en que son hiperrelatos de un máximo de 120 palabras, pero que tengan algún sentido. Seguro amigos que si los leéis lo encontrareis...
Grácias

La tabla del ocho (por Tres)
La
niña es muy juguetona, lista, aunque algo remolona a la hora de
esforzarse. La maestra ya hace días que convocaba a su mama para una
tutoría. Reunión que retrasaba, la madre, con la excusa de sus
muchos quehaceres. Sabía lo que iba a oír; como si no conociera a
su hijita.
Ayer
le volvió a recordar, que tiene que dedicarle más tiempo y
paciencia, para conseguir que se aprenda la tabla del ocho.
Ya leía casi bien, aunque escribía aún con dificultad.
Puso
su cara más severa, cuando la niña con evasivas eludió esforzarse,
de nuevo, para recitar esa maldita tabla. Con mucho pesar, la castigo
a su habitación y le prohibió salir, hasta que la supiera.
Al
cabo de unos diez minutos, la pequeña llamó la atención de la
madre con unos golpecitos en la puerta, al tiempo que le pasaba un
papelito por debajo. En esa hojita, con buena escritura, estaba, la
tabla completa, limpia y sin ningún error.
Alborozada abrió la
puerta, abrazó a la niña con cariño, con fervor. Su niña querida
no, solo era lista, se había vuelto activa, voluntariosa.
En
su tierno abrazo, pudo divisar por encima del hombro de la pequeña,
la coloreada pantalla del Google con la tabla completa del ocho.
***
Los
niños jugaban a atrapar la luz,
correteando
en tropel tras ella. Aquel ratoncito iluminado, se movía
compulsivamente, zigzagueando para pararse bruscamente o arrancar con
ímpetu.
Reían
los niños de manera estridente, tratando de detener, retener,
poseer, lo inconsistente, lo insustancial. El brillo, inquieto,
mágico, evasivo, inexplicable, flotaba, corría, bailaba, siempre en
contacto con cuerpo, fachada, mano, acera, zapato…Extraña e
inseparable unión, de lo fútil y lo firme.
Desde
el interior, su madre la reclama con insistencia para repasar la
pesada tabla del
ocho. Remolona, y con desgana, la niña
abandona el balcón y deposita cuidadosamente el espejito en el
bolso de su mama.
***
Hada
chica
No consigo
recordar como es un hada con nitidez, vagos recuerdos infantiles, de
ingenuas fantasías que ahora rebusco en los rincones de la memoria,
tratando de hacerlos presentes para alegrar el peso de los años.
Ayudarían
tanto esas hadas con las ilusiones frescas,
coloreadas, mágicas, tintineantes. Alejarían a esos brujos de
entelequias escabrosas, agoreros de siniestros augurio.
Ella con la
sonrisa blanca y jugosa, con sus despiertos ojos brillantes, su
estela de color. Con la varita de su mano, mil centellas llenas de
fulgor. Fantástica y etérea, la ninfa me hechiza, y como por
encantamiento la acojo en mi regazo y repasamos la tabla del
ocho.
Quino
(Lleida 06.05.2015)

muy interesante
ResponderEliminarGracias Mas .....Animan esos comentarios
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